Cernícalo Primilla

Este rubí del Sahara, también llamado por los tuaregs “Lágrima de los cielos”, nace de la confusión de una llama frente al ocaso del desierto. En ese último titubeo cifra entonces su vuelo y, desengañado, pone rumbo a atardeceres más suaves.

Cuando en los primeros dias de marzo alcanza ya la península, ocupa torreones y palacios dominados por el silencio y la tristeza, donde un brillo de alas da esperanza de cambio a los rigores del invierno. Así en Trujillo, fortalecido por la tibieza de las últimas lluvias, vigila el juego furtivo de los niños y las palabras irreparables de los amantes.

Entre sus enemigos, legiones de chovas y la sangrienta curiosidad de los adolescentes. Las primeras han conseguido recluirlo en los sucios tenderos de la Plaza de Toros; los segundos, provistos de una exquisita crueldad, cercenan su vuelo con rudimentarias maulas y torturas inenarrables.

Con la huida del verano, pone rumbo de nuevo a la verde África, dejando a la ciudad envuelta en un silencio de edificios fantasmales. 

Con todo, este cernícalo regresa cada año, y se ha llegado a encontrar en sus garras sangre de la rosa de los vientos.

Texto de Daniel Casado

 

 

 

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Campaña de conservación
del Aguilucho Cenizo
(Circus pygargus)